Tambogrande

Propuesta Regional

                                 Descentralización, democracia y desarrollo regional                                   

Tambogrande

La controversia causada por la proyectada instalación de minas en uno de los corazones agropecuarios más importantes del país ....


Tambogrande: ¿enclaves o empleos?

por Luis Ginocchio Balcázar

La salida minera a la crisis de la economía de Piura resulta miope y contra las tendencias que perfilan la llamada "nueva economía", en la que prima el recurso humano más preciado, el conocimiento, y se tiene creciente consciencia de la importancia del medio ambiente para una vida más plena. Para conocimiento de todo el país, este es el primer caso en que una empresa minera intenta localizarse en medio de grandiosos valles agropecuarios, activos y promisorios. Es algo que intenta sobreponerse sobre otra cosa.

Debo resaltar que no estamos frente a un asunto de dólares y divisas solamente. Tiene que ver con una visión a largo plazo de la región, con un modelo de desarrollo. Con el rol de los ciudadanos en la construcción de esa realidad que anhelamos en el futuro. Y con el papel del Estado en el diseño del país como sociedad diversa pero armónica. Democrática y no cada vez más concentrada en la capital, cuyo poder pareciera que se ejerce sobre y no para las demás zonas nacionales. Asimismo, el tema se relaciona con una manera de hacer negocios, muy de moda, neoliberal, pragmática y cortoplacista. Y con una "prosperidad" imaginaria, la de las cifras macroeconómicas, hija del promedio, engañoso e ilusionista por definición.

Y contra lo que muchos "modernistas" piensan, opino que no es exacto que todos los recursos tengan que explotarse ahora. Esto es válido siempre y cuando se respete el derecho a la vida y al empleo digno de las personas de cada región así como de los efectos sobre el medio ambiente. Esta suerte de "borrachera" minera a la que algunos invitan y que exige actos de fe en sus buenas intenciones es una "fiesta" cara y engañosa.

¿Que vemos en la realidad?

Siguiendo con el análisis, dediquemos un momento a revisar la percepción de la realidad de la Piura de inicios del siglo XXI:

Una hilera de empresas mineras que tienen más de medio millón de hectáreas denunciadas. Una actividad agropecuaria atascada entre el retraso y el olvido, aunque con gran potencial. Un Estado que abdicó de su rol promotor y de garante de oportunidades para todos los ciudadanos, incluyendo a los peruanos del campo. A empresas mineras que pagan por los estudios de impacto ambiental que las auditan. Que no muestran disposición a proporcionar información sobre sus operaciones pues muchas mineras una vez instaladas se vuelven poderosos enclaves en los que luego nadie puede ingresar, como una mina grande en Arequipa a la que ni los técnicos de una universidad local pueden ingresar: ¿extraterritorialidad?

Un país con una de las tasas más bajas en el mundo de tierra trabajable con propósitos agropecuarios. Un país con población joven y creciente, situado en medio de desiertos y grandes cadenas montañosas, con valles costeros estrechos y con escasez de irrigación. Un país con población que reclama miles, millones de emprendedores y no solamente algunas corporaciones mineras.

Un mundo que tiende hacia los alimentos sanos, orgánicos, funcionales, nutracéuticos, y que muestra creciente preocupación por la seguridad (inocuidad) de los alimentos producidos en el extranjero. Una realidad donde la riqueza, en esta naciente era global, nace de la innovación más que de los calambucos dinamiteros de la minería. A naciones del hemisferio norte que se deshacen de sus empresas contaminantes que migran a los países más pobres. A instituciones financieras, incluyendo las multilaterales, muchas de ellas dominadas por el pragmatismo y el doble discurso.

Un Estado que parece interesarle más su flujo de caja que el empleo, la salud y equilibrio climático de una de las regiones más pobladas del país. Y un gobierno, aunque ya despedido, que diseñó una legislación complaciente a favor de la minería y se parcializó con ella. Un modelo de país y de economía primario exportador, fuera de época, que tomó diez años en conformarse y que ahora se desmonta. Un Estado sin mecanismos que sancionen proporcionalmente a los infractores por daños causados a personas, propiedades y medio ambiente en general. Ejemplo vivo, Choropampa y Yanacocha. Una normatividad minera que no contempla los diversos efectos sobre organismos vivos (seres humanos, agua, arboles y ganado). Que se limita tan sólo a la calidad de efluentes líquidos y gaseosos de las minas lo cual no garantiza ni control ni imparcialidad.

Una actividad agotable, que genera poquísimo empleo, que intenta "convivir" frente a otra renovable, en un ecosistema "de cristal" (bosque seco), en Piura, el segundo departamento más poblado del Perú, que concentra las mayores inversiones en obras de irrigación. Una actividad intensiva en capitales que produce daños contra los suelos agropecuarios y la fisiología de los vegetales lo cual reduce su competitividad y afecta su atractividad para captar inversiones agropecuarias. Una actividad económica de débil contribución a la producción departamental, con "brillo macroeconómico", que no es percibido por el bolsillo del ciudadano común, cuyas utilidades se remesan, invierten y consumen mayormente en el exterior. Y que afectaría la esperanza y calidad de vida de los pobladores del departamento.

Un clima, el del departamento de Piura, epicentro de la perturbación climática conocida como Fenómeno El Niño, y que en el extranjero se conoce como ENSO (Oscilación Sur El Niño), evento destructivo, altamente aleatorio y persistente. Por eso, poner en riesgo el equilibrio de los ecosistemas piuranos se perfila como un atentado al clima global.

¿Que percibimos en el futuro?

Una minería aurífera y polimetálica altamente contaminante, concentradora de la riqueza en pocas manos, con raíces fuera del Perú. Una agricultura de San Lorenzo (Tambogrande) jaqueada por los contaminantes de la minería, con pérdida del valor de sus tierras para fines agropecuarios, en un medio ambiente con creciente alteración, elevando los riesgos de hacer empresa agropecuaria en la zona. Una agricultura departamental, al igual que San Lorenzo, sitiada por los tajos abiertos y excavaciones mineras, con la amenaza de Niños que multiplicarían los daños. Una gran migración rural hacia las ciudades. Solamente en San Lorenzo viven 35,000 personas en la zona rural (en términos de empleo, sólo San Lorenzo ocupa 18,000 personas según INEI). A las ciudades del departamento acelerando su crecimiento conformando una selva urbana que el Estado tendrá que solventar. Una vez concluida la explotación minera, ¿quién regresaría el suelo, paisaje y clima a como estaba antes de la mina? ¿Con qué garantías se respalda este requerimiento?

¿Qué tiene que ocurrir?

a) Que los nuevos aires democráticos que se respiran en el Perú permitan que piuranos y piuranas, hagamos valer nuestros derechos a ser informados con la verdad sobre la minería polimetálica. Y de ese modo, que no se nos exijan actos de fe en proyectos mineros sino que los ciudadanos podamos decidir con información cierta y oportuna.

b) Que las instituciones locales tomen el liderazgo que les corresponde, en especial CTAR, municipalidades provinciales y distritales así como las universidades se pronuncien con claridad sobre el tema minero.

c) Que el Estado recupere su rol honesto e imparcial y se suspendan los permisos a la minera Manhattan y se declaren los valles piuranos intangibles para la actividad minera polimetálica. Que defienda con energía los intereses del 30 por ciento o más de los ciudadanos que viven en el campo frente a los subsidios cobijados en los países ricos y que se promueva prioritariamente en Piura la inversión nacional y extranjera en agricultura e industria alimentaria y textil. Que entienda que haría un mejor negocio promoviendo las inversiones en otras actividades, cuidando la escasa tierra agrícola disponible que tenemos en el Perú.

d) Que en una zona densamente poblada como Piura, en la era de la globalización, en efecto, debemos reinventar la economía. Pero a la luz de otro esquema y del relanzamiento del sector agropecuario, agroindustria, pesquería, industria textil, turismo, artesanía, gastronomía y nuevas actividades como diseño de software, moda y otros servicios. Y siempre guiándose más por la prosperidad efectiva (real) de las familias que por las cifras macroeconómicas

e) Que el mundo rico, hoy preocupado por las graves perturbaciones climáticas que lo afectan, reconozca que los tajos abiertos que las mineras occidentales planean infligir a los débiles ecosistemas del Tercer Mundo están alterando gravemente la calidad de vida global.

f) Que nunca más las ciudadanas y ciudadanos piuranos elijan a personas con visiones del país tan primitivas, excluyentes, contrarias a la lectura de los tiempos, en suma, desatinadas.

Reiteramos que son falaces los argumentos que "el agro reparte miseria" y que "como el agro está enfermo no existiría problema con que Piura asuma los riesgos de la contaminación minera.

Y si colapsa el agro o pierde competitividad, se perdería poco". Al contrario, si no hubiese sido por la laboriosa, tesonera y productiva sociedad sanlorencina, ¿cómo hubiese atravesado Piura el túnel fujimorista? Otra vez, al contrario: el agro ha sabido soportar estos años duros y ha producido alimentos para los peruanos y empleo para centenares de miles de familias del departamento. Hay que apoyarlo con información de mercados, tecnología, promoción de inversiones, infraestructura para aumentar su rentabilidad y competitividad, y que esto se realice de una manera equitativa y sustentable, esto es, protegiendo el alimento y clima de las generaciones venideras. Por lo demás, las vetas de oro y otros minerales no se van a marchar de Tambogrande. Esperarán hasta que surjan tecnologías que garanticen a piuranas y piuranos su calidad y esperanza de vida [08 Marzo 2001]

 

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